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jueves, 7 de junio de 2018
Tensión entre Trump y Merkel por los aranceles siderometalúrgicos.
El viaje relámpago de la canciller alemana a la Casa Blanca mostró ayer el tamaño real de la relación entre Washington y Berlín. Lejos de la cercanía establecida en la era Obama, el presidente de EEUU y la líder alemana jugaron el papel de dos antagonistas condenados a verse. Merkel presionó para que se mantenga el pacto nuclear con Irán y la exención de aranceles a Europa. Y Donald Trump permaneció indiferente. Eso fue todo.Merkel se presentó en Washington con pocas cartas en la mano. Pero tras los días de vino y rosas de Macron, trajo algo de realidad. Lo primera fue un plan para comprar armas por valor de 550 millones de dólares que sirve a los deseos de Washington de que Alemania aumente su gasto militar hasta el 2% del PIB en 2024 (ahora está en el 1,2%). La segunda, ya como líder europea, fue la petición de que la Casa Blanca haga permanente la exención arancelaria sobre el acero y el aluminio que vence el 1 de mayo. Trump permaneció inalterable. Sobre los aranceles, se guardó mucho de mostrar sus intenciones y simplemente disparó su cartucho habitual: “Pido reciprocidad y justicia. Y con la Unión Europea tenemos un déficit comercial de 150.000 millones de dólares, de los que 50.000 millones corresponden al sector automovilístico”.
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Gracias a este tipo de propuestas que impone Trump, los países se ven en situaciones de déficit y pueden tomas medidas como aumentar los impuestos, lo cual es habitual de la política contractiva, esto genera desempleo y no ayuda a las familias de los países a los que se les impone este tipo de aranceles.
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